El ajuar hecho arte envejecido

APRENDE A RESTAURAR TUS MUEBLES ANTIGUOS

Lupe Serrano

No solo las casas solariegas sino también las viviendas rurales más humildes, que en forma de compra o herencia han pasado a nuestras manos, nos vienen con parte o la totalidad de un ajuar mueble: arcones, aparadores, recias camas de madera tallada, sencillas mesas, bancos y sillas, escaños o artesas. Estos y otros apreciados enseres domésticos no siempre llegan en buen estado de conservación, perdiéndose así la percepción de su belleza o su valor como piezas decorativas. El invierno es un buen momento para dedicarnos a reparar estos muebles y de paso a darles un aire diferente que coordine mejor con el estilo de nuestra decoración.

Nos proponemos en este número restaurar esta bonita mesa de centro de estilo colonial que, sin ser una antigüedad, ahora lo parece gracias a la acción de un travieso perro cachorro de dientes afilados. Como se puede apreciar, todas las esquinas de la mesa aparecen desgastadas, los laterales, mordidos, y las patas, melladas. Estos rasguños han traspasado el barniz tinte dejando a la vista la madera original, mucho más clara.

Antes de comenzar la reparación, desmontaremos todas las partes móviles o que puedan resultar dañadas mediante la manipulación del mueble: cajones, cristales y tiradores en este caso.

La mesa, antes de la restauración

Como queremos mantener el efecto de mueble gastado por el tiempo, en esta reparación no vamos a rellenar los huecos con una masilla especial, sino que vamos a lijar toda la superficie  hasta igualar el nivel de la madera, dejando las esquinas romas, como si se hubiesen desgastado por el uso. El lijado nos ayuda además a terminar de eliminar la capa o capas de barniz con color que tenía la mesa.

En ocasiones, el mueble que tenemos en las manos es una verdadera antigüedad que merece ser mucho más respetada. En estos casos, en lugar de usar una lijadora eléctrica, procederemos a decapar la superficie barnizada o esmaltada, con tantas capas de decapante sean necesarias como para dejar a la vista la madera original. Tradicionalmente, se ha utilizado como decapante sosa cáustica diluida en agua, pero para manos menos expertas, hoy en día existen decapantes poco agresivos con la madera y que se aclaran con agua para estos trabajos.

Otra solución es el decapado térmico, que consiste en aplicar aire muy caliente sobre las capas de pintura vieja, ayudando así a su desprendimiento. Esta técnica es muy apropiada para materiales poco delicados como el metal (antiguos cabeceros de forja, aguamaniles, farolas…), pero para la madera resulta un tanto agresiva.

La lijadora, mejor acabada en punta

Lijado eléctrico

Nosotros hemos optado por el lijado con una lijadora eléctrica acabada en punta, que nos facilita el acceso a las zonas más escondidas de la mesa, como los interiores de los cajones o la superficie inferior. Después de una primera pasada con una lija de grano más grueso, que nos ayuda a eliminar las marcas de los mordiscos, repasamos con una lija más fina para eliminar las posibles rebabas y matizar la superficie. Respetamos pequeñas mellas con forma de agujeros de polilla que han quedado tras el lijado, pues son apreciadas en los muebles antiguos auténticos.

Con la mesa ya lijada, eliminamos bien los restos de polvo con una aspiradora y un paño húmedo bien escurrido, y dejamos secar antes de esmaltar. Nos hemos decidido por un acabado en blanco marfil, que dará un aire más romántico a nuestro mueble y ayudará a relajar el ambiente cargado por muchos muebles oscuros en un mismo espacio. Además, vamos a decorar ciertas zonas con un esmalte dorado: en pequeñas dosis, estos detalles acentúan el aire romántico que queremos conseguir.

Imprimación con esmalte diluido

Esmaltes de imprimación

Los esmaltes que vamos a utilizar son muy cubrientes y sirven como imprimación aplicados en la primera mano. Como nuestra mesa está fabricada con una madera blanda y absorbente, podemos diluir esta primera capa, y como hemos optado por esmaltes acrílicos, esta dilución y la limpieza de los materiales la llevaremos a cabo con agua.

El interior de los cajones lo vamos a decorar íntegramente con el esmalte dorado. Es una zona que luego se verá, ya que los cajones van cubiertos por cristales que permiten exponer objetos decorativos en su interior. El resto de la mesa lo esmaltamos en blanco. Utilizamos brochas y paletinas en lugar de rodillo porque queremos que se aprecie el trazo, no buscamos conseguir un efecto de lacado moderno.

Dejamos secar la primera mano el tiempo que indica el fabricante antes del repintado (unas seis horas en nuestro caso), y pasamos una lija de grano fino para matizar la superficie y facilitar la adherencia de la segunda mano. Una vez limpios los restos de polvo del lijado, aplicamos una segunda capa de esmalte, esta vez sin diluir, y dejamos secar.

Tras la 2 mano se aplica el dorado en molduras y frentes de cajones

Con esta mano ya seca, vamos a dibujar unas finas líneas doradas con un pincel plano sobre el esmalte blanco, a modo de marco, sólo en unas zonas concretas: las molduras que rodean la mesa, los frentes de los cajones y los costados, y la superficie en la que asientan los cristales. Procuramos que la línea sea irregular, como desgastada por el uso, para acentuar el aire de mueble con solera que buscamos.

Decoración interior

En cuanto los detalles estén secos, colocaremos los tiradores en los cajones ­­­­­­‑en este caso conservamos los que había porque coordinan muy bien con el nuevo estilo, pero se pueden sustituir por otros- y los cristales en su parte superior. Sólo nos falta colocar en el interior de los cajones aquellos objetos decorativos que queramos exponer. Nosotros nos hemos decidido por un bol de cristal lleno de flores secas y un pequeño juego de café de color blanco.

El resultado es una bonita mesa envejecida pero iluminada

A partir de un mueble destartalado y sin ningún valor estético, hemos conseguido una bonita mesa de centro que iluminará nuestro salón y nos acompañará en estas oscuras tardes de invierno.

El mágico Betún de Judea

El Betún de Judea es un tinte tradicional que se emplea para ayudar a envejecer superficies de madera, escayola, arcilla, etc., aportando un tono nogal de manera desigual. Partiendo de un esmalte de color sólido (no un barniz), en este caso blanco puro, aplicamos con una muñequilla de algodón o con una paletina, una capa de Betún de Judea un poco rebajado con aguarrás.

Después de seco el Betún, lijamos muy suavemente la superficie hasta eliminar la mayor parte del mismo. Así, dejamos a la vista el tono aplicado anteriormente, que ha adquirido una  pátina oscura, y conservamos aún más oscuras aquellas zonas que se hayan teñido de manera más intensa, como las vetas originales de la madera, que son más absorbentes. El resultado es este simpático banquito de madera, o este gracioso llavero en el que exponemos la llave original de nuestra casa.

Tras aplicarlo, se elimina la mayor parte del Betún aunque queda la patina oscura

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